Aunque muchas personas hoy pretenden atribuirse el denominado “milagro de la mina San José”,  lo cierto es que el deteriorado trozo de papel que uno de los sobrevivientes le envió a su esposa atado a la sonda, dice toda la verdad. “Querida Lila estoy bien gracias a Dios.

De acuerdo a las informaciones que la prensa nos ha permitido conocer, cinco de los mineros atrapados son cristianos evangélicos. Ello ha provocado que las oraciones del pueblo de Dios se realicen con mayor fervor y esperanza.

El entusiasmo producido por la noticia de que los 33 mineros están con vida, no debe transformarse en un tranquilizante espiritual. Por el contrario, nos debe servir al menos para adoptar tres actitudes:

En primer lugar, esta noticia debe poner en nuestros corazones un sentido de gratitud. Al Señor primeramente y a su misericordiosa ayuda. Pero también gratitud para con todos los que trabajan en estas faenas y que no claudicarán hasta sacarlos a la superficie con vida.

En segundo lugar, debemos retomar los punzantes mensajes en pro de la justicia social, que los profetas bíblicos han proclamado con vehemencia y valentía. La iglesia cristiana debe tener una voz firme contra los abusos hacia los trabajadores y contra las vulnerables condiciones laborales en las que miles de trabajadores a diario se desempeñan arriesgando sus vidas, para poner el pan sobre la mesa de sus familias.

Y finalmente esta noticia debe inundar nuestros corazones de esperanza. Por muy complejas que sean las situaciones de la vida, si estamos en Cristo, siempre podremos albergar en un rinconcito del corazón una sencilla oración que diga: Señor, sólo Tú tienes la última palabra. Y después de que el torbellino de la prueba se disipe, con el alma llena de paz, repetir las palabras del minero: Estoy bien gracias a Dios.

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