Mujer virtuosa
El proverbista escribe, inspirado por el Espíritu de Dios, “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas…Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas…Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.” (Proverbios 31:10,29-30)
Es imposible abstraerse de un sincero y bien merecido homenaje a aquella mujer que ha logrado grabarse en nuestro corazón con la fuerza impetuosa del amor: ¡Nuestra esposa! El apóstol Pablo nos recuerda que la esposa “…es la gloria del varón” (1ª Co. 11:7b), por lo cual, no es exagerado reconocerla y honrarla como el Señor nos ordena.
¿De dónde nos llegó esta maravillosa criatura? ¿Cómo es que la vida nos dio la posibilidad de que ella se hiciera parte de nuestro destino? El proverbista nos vuelve a sorprender con otra declaración formidable: “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente” (Proverbios 19:14) Es decir, Dios nos la ha regalado, es una valiosa herencia que recibimos, debemos atesorar, cuidar y tratar como su altísimo valor lo exige.
Finalmente, el apóstol Pedro termina haciéndonos saber que hasta nuestra oración a Dios, es fortalecida o desmejorada dependiendo de nuestro adecuado trato hacia nuestras esposas. El pescador galileo nos dice: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” (1ª Pedro 3:7)
Por todas estas razones, y aprovechando que hoy es el cumpleaños de mi amada esposa Marcela, es momento propicio para agradecer al Señor por ellas y comprometernos a obedecer la Palabra de Dios, honrándola y amándola.


