La importancia de recibir a Jesucristo

La importancia de recibir a Jesucristo
Pr. Juan Vidal Sandoval

San Juan 1:12
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios

Si usted es chileno y no es cristiano-evangélico, es muy probable que en más de alguna ocasión haya escuchado parte de alguna predicación, mensaje o sermón animándole a recibir a Jesucristo. Tal vez en aquella ocasión usted pensó que esto se trataba de algún tipo de proselitismo religioso o de algo que no tenía mucha relación con usted o su familia. Sin embargo, este asunto es fundamental en la vida de todo ser humano.

Recibir a Jesucristo es el inicio de una experiencia radical, transformadora y vivificante, pues implica una forma de renacimiento. Es la puerta de acceso a la vida de Dios entrando en su vida humana natural. Al recibir a Jesucristo, una persona recibe el Espíritu Santo que le capacita para conocer y comprender las cosas espirituales. En fin, recibir a Jesucristo cambiará su vida de la forma más maravillosa que usted jamás imaginó.

En estas breves palabras, procuraré darle algunos argumentos bíblicos que espero le ayuden a decidirse a recibir al Señor en su corazón.

I. Recibir a Jesucristo significa creer en su Nombre.
A. ¿Qué es el Nombre de Jesús?
En la Biblia, los nombres son bastante más importantes de lo que a nosotros, con mentalidad occidental nos parecen. No solo describen la identidad de una persona, sino que además revelan aspectos de su naturaleza. Por ejemplo, el nombre Jacob, significa “suplantador”, lo cual describe a la perfección, la actitud predominante que tenía este patriarca, antes de que el Señor le transformara. Por otra parte, los nombres que la Biblia asigna a Dios, son más relevantes aún, puesto que son un vehículo de revelación. Es decir, Dios se da a conocer a través de sus nombres. Por ejemplo, cuando Abraham fue consultado por su hijo, respecto de dónde obtendrían un animalito para el sacrificio que se proponían realizar, Abraham responde con el Nombre divino “Jehová Jireh”, lo que significa que Dios habría de proveer (Génesis 22: 13-14)

En lo referente a nuestro Señor Jesucristo, la Biblia describe que su Nombre es superior a cualquier otro nombre. Filipenses 2:9-11 “9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” En otras palabras, dado que Jesucristo es Dios encarnado, su naturaleza es excepcionalmente superior a todo. Entre los nombres que describen a Cristo, podemos mencionar: Jesús, que significa “Salvador”, Cristo (gr.), que significa “El Ungido”, al igual que Mesías en hebreo. Emanuel significa “Dios con nosotros”, etc.

Por ello, recibir a Jesucristo y creer en su Nombre, significa creer en él, en su naturaleza divina, en su misión, en el paradigma que Él viene a establecer: Su Reino.

Recibir a Cristo abre la puerta del corazón a lo más glorioso y sublime que existe.

B. Una de las figuras más relevantes del Nuevo Testamento es el Apóstol Pablo. Sus enseñanzas, su vida consecuente y su pasión evangelizadora han sido por más de dos mil años, fuente de inspiración para todos los que hemos recibido el llamamiento al ministerio. Sin embargo, lo que hizo de este hombre un ser humano excepcional, fue precisamente el haber recibido a Jesucristo.

Antes de su conversión, Saulo de Tarso era un fariseo rigurosamente estricto en el cumplimiento de la Ley mosaica. Sus primeros contactos con el cristianismo fueron terribles. Tal era su pasión por hacer las cosas correctamente y de acuerdo a sus convicciones, que llegó a consentir en el asesinato de Esteban, primer mártir cristiano (Hechos 6:8-8:3)

C. Probablemente usted es una persona especial. Tiene convicciones firmes y puede exhibir muchos logros que le hacen sentirse bien consigo mismo y obtener el reconocimiento de quienes le rodean. Sin embargo, Si usted no ha recibido a Jesucristo, hay mucho más por conocer y llegar a ser. Su vida, por muy satisfactoria que le parezca, es a penas un suspiro, comparado con lo que Dios tiene para usted y los suyos.

II. Recibir a Jesucristo otorga el derecho de ser hijo de Dios.
A. Tal vez esta declaración le resulte controvertida. Es muy probable que desde pequeño usted haya escuchado la frase: “…todos somos hijos de Dios…” o algo parecido. A la luz de esa creencia popular, indudablemente que lo que acabo de afirmar podría hasta considerarse sectario o discriminador, pero antes de que se ofenda o me malinterprete, déjeme explicarle algunas verdades muy importantes.

Desde el punto de vista de la acción creadora de Dios, efectivamente todos somos una obra de divina. Fuimos creados por Él. Desde esa perspectiva todos somos, en un sentido, sus hijos. Sin embargo, el hecho de ser creados por Dios, no necesariamente implica que todos tengamos una relación con Él.

El amor que le da sustento a una relación, es libre. Dios ha dado libre albedrío al ser humano, con la finalidad de que decida o elija amar a su Creador. Sin embargo, esa libertad también implica la posibilidad del rechazo. Dios no nos impone que tengamos una relación con Él, sino que provee los medios necesarios para que recibamos a su Hijo Jesucristo libremente y a partir de esta decisión, obtengamos el privilegio de ser hechos hijos de Dios. Ya no solo creaturas egoístas e ignorantes de la vida de Dios, sino, hijos de Dios, miembros de su familia.

El lenguaje legal de esta declaración es muy significativo, pues nos muestra una figura basada en las leyes de adopción de los tiempos bíblicos. Pablo emplea el término “Adopción” para describir la acción del Espíritu Santo mediante la cual el creyente se convierte en miembro de la familia de Dios, con todos los privilegios y obligaciones de los miembros de la familia. Es decir, aunque éramos por naturaleza “hijos de ira” (Efesios 2:3), por pura gracia, los que reciben a Jesucristo son adoptados como “hijos de Dios”.
De acuerdo a las leyes romanas de los tiempos del Apóstol Pablo, “Adopción” significa colocarse como hijo adulto. Era una acción legal mediante la cual una persona toma en su familia a un niño, que no es suyo, con la finalidad de tratarlo y darle todos los privilegios de un hijo propio. El niño adoptado legalmente obtiene derecho a los privilegios y todos los derechos de un hijo natural.

Tan gloriosa es esta verdad, que al Espíritu Santo se le denomina en la Biblia “el Espíritu de adopción”, debido a que realiza el acto de colocar al pecador creyente como un adulto en la familia de Dios. “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos; ¡Abba, Padre!”(Rom. 8:15).

B. Es impresionante cómo el amor de unos padres adoptivos es capaz de borrar del corazón de un niño abandonado aquellas huellas dolorosas que la marginalidad, el rechazo o la violencia graban en sus primeros años de vida.

C. De manera similar, los que reciben a Jesucristo no sólo alcanzan el perdón de sus pecados y las nefastas consecuencias que este provoca en sus vidas, sino que además, todos los derechos y privilegios de un verdadero hijo de Dios, comienzan a derramarse en su vida.

La salvación que Cristo brinda no es sólo un acto mediante el cual, el pecador deja sus vicios y malas costumbres, como a veces se piensa. Es mucho más. Es un pacto de amor. Una nueva relación en la que el hijo adoptado por Dios comienza a vivir una nueva vida gloriosa.

Con mucho respeto por sus convicciones o ideas religiosas, permítame esta sincera invitación. ¡Reciba a Jesucristo en su vida hoy! No se arrepentirá. Él cambiará su vida en una forma tan gloriosa que deseará haberlo hecho hace mucho tiempo atrás.

Que el Señor le bendiga.

Si desea que oremos por usted, o que le enviemos materiales para que inicie su vida cristiana, déjenos un comentario o escríbanos a juan.vidal@imp.cl

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