EL INGREDIENTE ESENCIAL DEL AUTOEXAMEN

Todos los seres humanos tenemos una auto imagen. Es decir, una opinión, relato o discurso acerca de nosotros mismos. Cuando esa auto imagen es mala, decimos que tenemos problemas de autoestima. Cuando esa opinión acerca de nosotros mismos es exagerada, decimos que tenemos un concepto más alto que el que debiéramos tener.

¿Debe haber un equilibrio? O más bien ¿debiéramos tener un referente objetivo, inequívoco y permanente, con el cual hacer el autoexamen? Personalmente, confío más en la segunda opción.

El apóstol Pablo enfrenta esta situación en su primera carta a los Corintios: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor” (1 Corintios 4.3–4)

A la luz de este modelo, les propongo en este día considerar los siguientes pasajes bíblicos que nos permitirán llevar a cabo un auto examen fundamentado en la opinión más importante de todas: la Palabra de Dios.

En el Antiguo Testamento se nos insta a llevar a cabo un auto examen: Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mis íntimos pensamientos y mi corazón» (Sal 26:2)

Por su parte el libro de Proverbios registra la siguiente oración: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Pr 4:23)

 

Luego, en el Nuevo Testamento, en su segunda carta a los Corintios, Pablo les instruye: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? ? (2 Co 13:5).

La respuesta a este auto examen está en Jesucristo. Él es nuestro modelo a seguir. Con Él nos debemos comparar, de tal manera que cada día encontremos una nueva área en nuestra vida para mejorar, a la luz del ejemplo de nuestro Salvador. 

“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4.19) 

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